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La Roja

martes, 23 de septiembre de 2008

Sábado, eran las 4 y media de la mañana, ya quedaba poca gente en el bar, y conversando con unos amigos de relevo llegó a mi uno de los mozos para decirme que en la puerta estaba ella… Inmediatamente ordene que la dejaran pasar, cuando la vi la curiosidad invadió mi cabeza, seria esta la noche?

 

Ella, entro muy fresca, así como cuando la conocí, con unas copas encima y un par de amigas al lado, a las que el guacho se encargó de entretener. Yo por mi parte tenia una duda que resolver… La vez anterior ya me había mostrado que no le era indiferente, es mas hubo un acercamiento en un taxi algo borroso, que me había despertado la duda. Aun no estaba seguro de querer algo con ella, sin embargo cuando se quito el abrigo y mostró ese impresionante escote, la duda se convirtió inmediatamente en deseo.

 

Sus manos en mi espalda y las conversiones de cerca afirmaban que esta noche no dormiría solo, su cabello rojo me impresionaba mas que nada, hasta ese momento, y  le daba un plus que eliminaba cualquier defecto. Como siempre el alcohol acompañó la charla, la cual no era para nada trascendente, los comentarios con las amigas iban y venían sin tener importancia, la gente en el bar iba desapareciendo y las ganas de besarla crecían más y más. De pronto una pregunta tonta se convirtió en una propuesta indecente, y un quizás como respuesta definía mi destino para esa mañana.

 

Era ella lo que necesitaba?... No lo se, solo puedo decir que cuando sus amigas se fueron y empezamos a besarnos ya quería quitarle la ropa y descubrir los secretos de su cuerpo.

 

El cierre del bar fue fugaz, lo cual delato ante ella mis ansias por llevarla a casa. Afortunadamente el taxi fue breve y las escaleras hasta el tercer piso nunca fueron tan cortas, ya acostados en mi cama empecé con la rutina conocida, quería impresionarla como siempre hago con una chica nueva, con excesos de caricias y besos por doquier. Mi ropa voló mas rápido que la suya, trataba de darle todo el protagonismo, desvistiéndola lentamente y grabando cada detalle en mi mente. Sus pechos eran un sueño, las pecas abundaban por todo su cuerpo, y su entre pierna, llena de finos cabellos rojizos, eran un delirio del que me apresure a hacerme cargo.

 

Cada vez me sentía más excitado y ella no hacia mas que responder con emoción a mis caricias, sin embargo  había algo en medio de todo eso que no me dejaba concentrarme y poco a poco mermaba mi erección. Decidí no hacerle caso y me lancé al ataque, grave error, ya que a los pocos minutos mi cabeza era una locura, me encontraba desconcertado, confundido, semi-frustrado y con miedo de no poder satisfacer a semejante mujer la cual me deseaba tanto como yo a ella.

 

La luz del día entraba por la ventana y el fracaso era contundente, al buscar respuesta no me quedó mas que abrir los ojos y afrontar la realidad. “La roja” era la primera mujer con la que estaba después de “Omara” y  para alguien como  yo no era una situación fácil. Lo que estaba haciendo marcaba una vuelta de pagina a la que me había resistido a pesar del tiempo y la distancia.

 

Ella inmediatamente se dio cuenta de que mi cabeza estaba en otra parte, pero lejos de indagar en ella, utilizo toda su experiencia para traerme de vuelta hacia el presente, y desde ese momento la situación cambió, ya no era yo el que consentía y trataba de complacerla, era mas bien ella quien me daba toda su atención y ponía todas sus gracias a mi servicio, para que así lográramos disfrutar de una mañana de sexo y placer de la que aun no me puedo olvidar.

 

Y es que al recordarla desnuda sobre mi cuerpo solo me vuelven las ganas de volver a tenerla tal como paso ese día. Aunque se que mujeres así son difíciles de retener y solo me queda esperar haber impresionado en algo, a esta reina de la noche cuyos encantos me hicieron tanto bien.