RSS

A sol la barra

lunes, 23 de junio de 2008

El aire limeño nos arrastró a una noche distinta y frívola, a una noche de aquellas en que vas conociendo el árido mundo de la vida nocturna del centro de lima, una vida nocturna que puede llegar a atraparte si no tienes los pies bien puestos en la tierra, encarcelándote si te dejas llevar por tus bajos instintos.

Mis dos amigos y yo fuimos al encuentro de lo desconocido, si bien uno de ellos ya había ido, para mi era todo nuevo. Por un sol el ingreso fue sencillo, y el ambiente me daba la bienvenida a un lugar fácil, lugar oscuro, donde las chicas aglomeradas a mi diestra esperaban la abrupta aparición de su príncipe azul o quizás rojo por el color de las luces. A mi izquierda una escalera que te llevaba a un mundo desconocido, un segundo piso que se perdía por la oscuridad.

Nos sentamos en una mesa mientras la Rusa, aparentemente conocida bailarina del lugar, hacia su aparición. Todos aglomeraron el escenario. Era un espectáculo, no tanto la Rusa, sino la cara de impávidos de los señores, jóvenes y no tan jóvenes, sentados esperando y mirando como la Rusa subía las escaleras de esa tarima. Era una gringa pelo pintado, tacones muy altos, exuberante cuerpo, piernas largas o aparentemente largas y que paso a paso hacia que los parroquianos aglomerados en las improvisadas bancas, empezaran a transformas sus caras, de caras estresadas por un día duro de trabajo quizás, a caras libidinosas, lujuriosas, deseosas, babeantes e impotentes puesto que sólo podían mirar. La Rusa se movía al compás de la música, abría de par en par esas largas piernas y mostraba el pasaje profundo de miles de recorridos, rozaba su cuerpo escarchado por el tubo, su único acompañante en el escenario haciendo quiebres que hacían suspirar a los de la cuarta fila, babear a los de la tercera, casi llorar de la emoción a los de segunda y enloquecer a los de la primera. Los del fondo sólo atinaban a mirar y quizás apretujar el brazo de su amigo como queriendo deglutir ese bocado que no dejaba de moverse en la tarima.

Mientras todo estos sucedía, un aguardentoso animador proclamaba a los cuatro vientos que la Rusa estaba en el escenario. Creo que era una bailarina conocida puesto que el dichoso lugar se llenó. Ya descontrolados los muchachos de la primera fila, dejaron que sus manos tuvieran vida propia e inmediatamente se dirigieron al cuerpo de la Rusa, la rusa sorprendida de lo que había causado en estos endemoniados espectadores, solo atino a dar patadas con sus tremendos tacos talla 9, dando certeros golpes y haciendo reaccionar a estos convertidos ya, Homo Erectus.

Cuando el show de la Rusa acabo, nostros sentados en una mesa apartados de tanto aguantadizo publico, vimos como mas de la mitad de ese publico fanático de la bailarina de la antigua unión soviética se retiraba.

Mientras tomábamos, un personaje cruzo nuestra mesa, yo lo llamaría el enamoradizo. Es el típico pata que va a estos lugares y suele enamorase de todas las chicas, Ahí lo teníamos frente a nosotros, agarrando firmemente de la cintura a una chica, agarrandola como si fuera de su exclusiva pertenencia. Mientras que nosotros mirabas su chistosa postura de enamorado como también la casi ausencia de ropa en la que estaba su supuesta enamorada. Cada hora se compenetraba más con su mujer, era su dominio, era su terruño, cada trago la amaba más, cada minuto parecía haber encontrado el amor de su vida, mientras que nosotros seguíamos mirando su ridiculez y las dimutas prendas de su quasi mujer.

Él era ya era todo un rey, ella su reina; él era Spiderman, ella era su Mary Jane; él era Jack, ella su Rose, el era el padre Amaro; ella su Amelia, el era Toledo y ella su Elian Kar. Era todo y ella también, seguíamos mirando y no pudo llegar más su amor, que cuando sonando una música salsera, el la acurrucaba a su pecho y le cantaba al oído, era todo un romántico soñador con su fugaz acompañante. Luego de un rato, ya no lo vimos más, quizás fue a ese rincón oscuro o quizás a ese sinfín de oscuridad que deparaba el segundo piso, en cualquier caso quizás haya pasado unas horas para que el haya chocado con un concreto que decía DESPIERTA, cayendo en la cuenta que, su Mary Jane era una historieta, Rose el personaje de una película, Amelia, bueno, ni punto de comparación con Amelia, y que Elian Kar era interesada. Después supongo se dio cuenta la dura realidad y lo pasajero de una fantasía.

Seguimos en ese ambiente lleno de lujuria, pasión y licor. El lugar se llenaba cada vez que una espectáculo de las nada señoritas se aproximaba, todos los parroquianos se aglomeraban alrededor de la tarima para ver el movimiento de piernas caderas, muslos, y demás. Luego de acabado el espectáculo se despejaba el ambiente, claro que habían señores que tenían el afán de sacarle el juego a su bien pagado sol de entrada se sentaban y no había fuerza humana o natural que los aleje de su sitio, provistos de periódico y una agüita se sentaban a esperar el siguiente y siguiente y siguiente show.

Después ya avanzada la noche, compramos un licor que te hace acreedor de ser acompañado de una de las mujeres que se aglomeran a tu alrededor, mientras comprábamos, ellas ya se acercaban y nos tomaban de la cintura, luego las llevamos a un modulo de tres por tres, donde se improvisaban un sillón y una mesa. Estaba totalmente oscuro, alcancé a divisar a mi amigo, que al igual que yo compró el mismo trago y ya tenía una de estas chicas encima de él. En realidad no se veía nada, era una oscuridad absoluta, sólo te guiabas de los roces, las caricias, los sinuantes movimientos de tu acompañante de turno, con esas chicas pasaban a segundo plano los besos o caricias, era todo un round cachascanistico, en el cual no dudabas en inmiscuirte. Tus manos se escabullían, se internaban en tu efímera dama, la palpabas al cien por ciento, su perfume estimulante te hacia seguir adelante. Luego que el round acabó, un gorila abría la cortina negra y nos avisaba de la finalización de esa pequeña lucha. Luego que nos paramos a seguir con un trago más, ellas retomaron su lugar a seguir buscando a algún Richard Gere, que les diga al oído, Yo te sacare de esta vida.

Fue todo plástico y desenfrenado, todo rápido y bohemio, lujurioso y disoluto, una noche de casi una despedida del año en donde hicimos algo diferente. Nos divertimos y recorrimos terrenos que no habíamos hecho antes. Después de esto no te queda nada, solo un carnal encuentro pasajero con alguna chica que no volverás a ver nunca más, mas bien si te queda la satisfacción de haber actuado locamente con amigos se siempre, te queda escarcha en el rostro y el olor de ese perfume estimulante.

Salimos de ese lugar y la luz de la mañana nos dio la bienvenida como también el aire de un año que ya se iba nos dio un adiós, Ya de nuevo en el barrio con el cuerpo desgastado de una noche a mil, nos sentamos en las calles que nos vieron crecer y tomamos el último sorbo de ese día, un salud que selló todo una noche de locura que no se borrará nunca.

1 comentarios:

Meg dijo...

No hay nada como esos momentos compartidos con los amigos, esas vivencias siempre quedan grabadas y nos hacen vivir cosas nuevas y repetir una y otra vez la alegria que a veces se olvida.